Testimonio – “Por El Silencio”

El fin de semana pasado tuvimos la posibilidad de ir a compartir nuestro tiempo con la gente de El Silencio. Es un barrio que no te puede ser indiferente una vez que lo conocés. Por eso mismo, al haberlo conocido y haber visto cuánta ayuda necesita la gente que vive allí, no pudimos quedarnos quietos y partimos rumbo a este lugar que a tan solo unos pocos minutos de la ciudad de Concordia, nos pide con su silencio que lo escuchemos. Queremos agradecerles a todos los que con su ayuda sumaron tanto a que hoy, esos niños, esas madres, esas familias, hayan podido comer un fin de semana entero, que la escuelita tenga hoy las paredes y los juegos del patio pintados, para que esos niños crezcan y jueguen en un ámbito más saludable. Creo que tenemos la suerte de que nuestro alcance sea enorme, tenemos demasiadas herramientas como para no utilizarlas, esto es una gran responsabilidad para nosotros, así que gracias por ser este fin de semana una herramienta para el crecimiento de este barrio, un instrumento mediante el cual se puede cambiar y crecer muchísimo.

Esperamos que esto no quede acá. Tenemos mucha energía para aportar a que esto no se frene y desde el lugar que cada uno pueda, desde el instrumento que cada uno sea, pueda seguir colaborando para que en unos años no haya tanta necesidad básica insatisfecha.
Victoria Aballay | Voluntaria Por El Silencio

El Silencio en primera persona: testimonio de Belén Gauna

Hola, soy Belén Gauna. Vivo en el barrio El silencio desde que nací. Estuve los tres días de pintada en la escuela Nuestra Señora del Silencio, en la cual participamos vecinos del barrio. 

Mi experiencia fue muy buena y positiva ala vez. Me gustó pasar tiempo y compartir momentos con los chicos; como charlas, mates, risas, anécdotas y comentarios. También fue muy productivo ya que tuve la oportunidad de aprender a pintar y a ser más solidaria con mi prójimo. 

Le agradezco a los chicos por darme la oportunidad de dar y a la vez aprender de ellos. Le recomendaría a cualquier persona que tenga la oportunidad de hacer algo así que lo haga, porque es una sensación hermosa saber que estas ayudando a muchas personas que lo necesitan.

Quisiera dejarles unas anécdotas que viví en esos días: conocí a una muy buena chica llamada Clara: yo estaba en el comedor tomando mate con Moni (una colaboradora) y una amiga mía de la facu, cuando en ese momento entró Clara con un nenito en brazos que se había golpeado jugando. Clara es una persona muy sensible y le dio pena el nenito y se puso a llorar, entonces yo la abracé y le dije que no llore y que la quería mucho… eso me conmovió un montón ya que no hay personas que se conmueven por esas razones. Creo que ella es muy especial, por eso le mando un abrazo y un beso de mi parte, pidiéndole que me vuelva a visitar y también le digo que la extraño mucho.

Otra anécdota que viví fue bastante fuerte para mí: me encontré con un chico que conocía de hace un tiempo, pero como se había hecho unos cambios como cortarse el pelo y eso, no lo conocí, hasta que me habló y me dijo quién era. Me emocionó mucho saber de él, ya que es una de las pocas personas que le tuve tanta confianza en mi vida. Le conté cosas de mi vida, de mi barrio que jamás le había contado a nadie. Ese día se había armado un lindo grupo y empezamos a charlar. Ellos te escuchaban con atención sin preguntar nada, esperaban que vos termines de hablar. En un momento en que le estaba contando mi historia, casi se me cae una lágrima porque eran momentos tristes de mi vida y ellos me contuvieron y me dieron ánimo. Esas cosas las hacen muy pocas personas.

Por eso, agradezco a todo el grupo y ojalá tengamos la oportunidad de volver a encontrarnos. Me despido con un fuerte abrazo y hasta luego, porque estoy segura que Dios y la vida se encargará de que tengamos la oportunidad de volver hacer esas charlas, tomada de mates, reuniones y muchas otras cosas más que ya expresé anteriormente.

Belén Gauna

Barrio El Silencio, Concordia, Entre Ríos

Pintemos: habló El Silencio

  Por Ignacio Marchionna, voluntario Por El Silencio

La apuesta era grande: un grupo de 20 jóvenes con una experiencia casi nula llegaba al barrio de El Silencio, en Concordia, Entre Ríos, con el objetivo de pintar la escuela en la que aprenden todos los días muchos de los chicos del barrio, cuyo nombre se debe para algunos a que nadie los escucha. Utilizando las instalaciones de la escuela Mitre, en el centro de la ciudad, como base de operaciones, trabajaríamos casi cuatro días completos, con la idea de alcanzar a pintar lo máximo posible.
Pero claro, no estábamos solos: maestras y directivos –de admirable accionar dado que estuvieron presentes el viernes a pesar del paro docente y el fin de semana en su tiempo de descanso-, niños y jóvenes del barrio, voluntarios de la Fundación OSDE, allegados a la Parroquia San Francisco y alumnos de las escuelas San Antonio y Mitre. Además, muchos acompañaron a través de donaciones, oraciones y buenos deseos. Todos, por supuesto, unidos por la misma causa: mejorar el espacio de estudio y aprendizaje al que asisten decenas de chicos.

​Por las lluvias incesantes, el trabajo comenzó adentro: salas de jardín, dirección, luego las aulas de primaria y la parte techada del patio. El trabajo era difícil, pero los consejos y correcciones de Christian –vaya un agradecimiento eterno al pintor, albañil, electricista y vaya a saber uno qué más- alivianaban las tareas y, al mismo tiempo, garantizaban que el trabajo fuera hecho lo mejor posible. Encima, después de estar todo el día a lija y rodillo llegaba la tarde y el momento de limpiar los materiales, clave para poder ser utilizados al día siguiente sin problemas.

Si alguien se hubiera aproximado a la escuela sin saber qué era lo que estaba pasando no habría comprendido nada: en el afán por pintar todo lo posible el frenesí era bien palpable. Gente y materiales yendo y viniendo a gran velocidad, equipos de trabajo por sector ayudándose permanentemente, gritos pidiendo pintura o una escalera…siempre una mano dispuesta a trabajar con el otro. Obviamente, todo mediado por charlas, mates, y hasta unas tortas fritas.

Los niños del barrio aportaban alegría al grupo –ya fundido en uno solo a pesar de las disímiles procedencias-, desplegándose con su inagotable energía por toda la escuela para jugar y en algunos casos para mostrar su gran habilidad con las brochas y los pinceles a la hora de rematar los detalles de las paredes. Con ellos, justamente, se festejó el día del niño con juegos, bailes y, para cerrar, facturas y chocolatada.

Lamentablemente, al llegar al barrio el lunes a la mañana nos encontramos con una escena desoladora: la pared de afuera de la escuela se había despintado por una lluvia torrencial que comenzó pocas horas después de pintarla. Por suerte, la mayor parte del trabajo se había hecho adentro, y el daño fue escaso. Con la lluvia todavía cayendo sobre la zona, no quedaba más que terminar de ordenar y limpiar para que los alumnos se encontraran el martes con una escuela mucho más agradable y linda.

Al mediodía emprendimos el retorno, con las palabras soñadoras de Moni, una incansable mujer que trabaja muy cerca de la gente del barrio, resonando en nuestras cabezas: “ahora vamos por la secundaria, ¿no chicos?”. Aunque improbable, confiamos en que los líderes del proyecto, Joaquín, Agustín, Clara y Juani, con la ayuda de todos ustedes, la gente del barrio y los vecinos de Concordia puedan lograr mucho más por unos chicos cuyo único techo para crecer y progresar es el que les impone la sociedad desde diversos lugares.

“Quiero que mis hijos estén bien y que tengan lo que yo no tuve”

 

Compartimos otro testimonio del Barrio El Silencio. Juana es mamá de dos chicos, un varón y una mujer. Vive hace varios años en el barrio. Cuando conversamos sobre sus sueños nos dijo: “quiero que mis hijos estén bien y que tengan lo que yo no tuve”.

El testimonio de Juana es uno más de las tantas familias que viven en El Silencio. Sueña con un futuro bueno y sano para ella y su familia.

Sigamos trabajando Por El Silencio
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“Quiero que la gente cambie”

“Quiero que la gente cambie, y que al basural ya no vayan más”, dice Juana Valdezz, vecina del Barrio El Silencio, junto a sus dos hijas de 5 y 2 años, cuando le preguntamos por sus sueños. Luego agregó, “Yo cuando era chica iba a la basura, pero ahora no voy más”, compartiendo unas palabras esperanzadoras para el barrio.

Todos los vecinos tienen un amor incondicional por sus familias y por el lugar en el que viven. Quieren que los gurises sean buenas personas y que crezcan sanos.

Uno de los motivos por los que decidimos trabajar Por El Silencio es porque queremos que el barrio sea un lugar sano y digno para el buen desarrollo de las familias que viven allí.

Sigamos sumando con nuestro granito de arena y colaboremos sumando voces Por El Silencio.
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